CAPÍTULO TREINTA Y TRES
Los campos de entrenamiento estaban silenciosos, bañados en el suave dorado del sol poniente. Ella se encontraba sola, con el cuerpo dolorido, la piel brillante de sudor y la respiración entrecortada tras un día entero empujándose más allá de sus límites. Cada movimiento que había hecho era un intento de escapar del caos en su corazón: el pasado que no podía cambiar, el dolor que cargaba y la creciente atracción entre ella y Damian.
Pero ningún entrenamiento podía acalla