CAPÍTULO TREINTA Y OCHO
Damian observó cómo Ella bajaba, su corazón latiendo con orgullo. Lo había logrado: había demostrado su fuerza y su valentía frente a todos.
Pero algo no se sentía bien.
Recordó el rostro de Zara antes —esa expresión de suficiencia, como si estuviera esperando que Ella fallara. Luego, cuando Ella triunfó, la sonrisa de Zara desapareció. Parecía furiosa.
La mandíbula de Damian se tensó. Esto no era solo envidia por sus pequeños éxitos o celos. Zara realmente había esperad