154. El juicio en el despacho
Bianca contuvo el aliento al escuchar el informe de Kenzo. El hombre que hacía guardia frente a la puerta de su habitación era un traidor. El corazón le latía desbocado, golpeando con fuerza contra su pecho. Daniel se puso de pie de un salto desde el borde de la cama. Los ojos negros del hombre se encendieron con una furia letal.—Daniel, espera —lo llamó Bianca en voz baja, aferrándose con fuerza al brazo de su esposo—. No salgas así, tan alterado.—Está parado justo frente a la puerta de nuestra habitación, Bianca —gruñó Daniel, conteniendo la voz. Las venas de su cuello se marcaban por la tensión—. Podría estar armado. Tengo que matarlo ahora mismo.—Si sales ahora, podría entrar en pánico y disparar a ciegas. —Bianca lo miró fijamente a los ojos—. Piensa en la seguridad de nuestro bebé. No podemos ser imprudentes.Al escuchar la palabra «bebé», el cuerpo de Daniel se tensó al instante. Su ira retrocedió lentamente, siendo reemplazada por un instinto protector absoluto. El hombre d
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