El domingo amaneció con una luz suave que se filtraba por la ventana del apartamento de Elena. Aun con el recuerdo de la noche anterior fresco en su mente, se estiró lentamente, sintiendo un cosquilleo en el pecho cada vez que pensaba en Diego. Había algo en él que hacía que cada momento juntos pareciera más intenso, más auténtico, y hoy, sin compromisos laborales ni visitas familiares, parecía que el mundo entero estaba a su disposición.El sonido del teléfono interrumpió su pensamiento. Era un mensaje de Diego:—“Buenos días, hermosa. ¿Te gustaría acompañarme a dar un paseo y tomar un café esta mañana? Solo nosotros dos. ☀️”Elena sonrió, sintiendo un calor recorrerle el cuerpo. Rápidamente respondió:—“Me encantaría. Paso por tu casa en 20 minutos.”Se preparó con cuidado, pero sin excesos. Eligió un vestido de lino color crema, cómodo pero elegante, que combinaba perfectamente con su personalidad: simple, seguro y femenino. Sus zapatos planos la harían sentir libre al caminar por
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