El día no terminó cuando la reunión concluyó. Para Elena Cruz, apenas había comenzado.La tarde avanzó con una normalidad engañosa, como si la oficina intentara recuperar su ritmo habitual después de la tensión contenida de la mañana. Los teclados sonaban con constancia, las llamadas se sucedían sin interrupciones y los empleados retomaban sus tareas con la eficiencia que se esperaba de ellos. Sin embargo, para Elena, todo parecía moverse en un segundo plano. Su mente seguía anclada en cada palabra intercambiada, en cada mirada medida, en cada intención cuidadosamente disfrazada.No era solo lo que Isabella había dicho, sino cómo lo había dicho. No había confrontación directa, pero tampoco la necesitaba. Había sembrado una duda, una posibilidad de cambio, y en un entorno como ese, eso era más peligroso que cualquier acusación abierta.Elena se inclinó ligeramente sobre su escritorio, revisando por tercera vez el mismo documento sin realmente procesar el contenido. No era falta de conc
Leer más