La noche caía lentamente sobre la mansión, y las luces de la ciudad brillaban como un río de estrellas a lo lejos. Elena Cruz todavía sentía el calor de la mano de Diego entre la suya mientras caminaban por la terraza iluminada con pequeñas luces cálidas. Todo parecía perfecto, hasta que un sonido familiar rompió la calma.
—¿Escuchaste eso? —preguntó Elena, con un leve temblor en la voz.
Diego frunció el ceño.
—Creo que sí… Mi madre ha regresado antes de lo esperado.
Elena tragó saliva, recorda