Una vez que Alyna logró recuperarse por completo, finalmente regresaron a casa. El ambiente, sin embargo, ya no era el mismo. Aquella casa que antes se sentía como un refugio ahora parecía cargada de silencios incómodos, de palabras no dichas, de heridas que aún no cerraban.Alyna evitaba a Carlo.No era por odio… o tal vez sí había un poco de eso mezclado con todo lo demás. Pero, sobre todo, era incapacidad. No encontraba cómo mirarlo a los ojos después de todo lo que había descubierto. Después de todo lo que él había callado. Después de todo el dolor que, directa o indirectamente, había tocado sus vidas.Carlo, por su parte, tampoco insistía demasiado. Se limitaba a observarla desde la distancia, con una mezcla de culpa, amor y una desesperación silenciosa que lo estaba consumiendo poco a poco.Una mañana, cuando el sol apenas comenzaba a iluminar el jardín, Marisol buscó a Alyna. La encontró sentada en una banca, con la mirada perdida, abrazándose a sí misma como si intentara sosten
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