Los pasos de Alisson eran rápidos, casi erráticos, mientras cruzaba el inmenso lobby de mármol de la agencia. Tenía la vista nublada por las lágrimas que se negaban a dejar de caer y la respiración entrecortada. Solo quería cruzar las puertas giratorias y desaparecer, ser tragada por el bullicio de la ciudad y olvidar que alguna vez había pisado ese edificio. Pero antes de que pudiera alcanzar la salida, una mano cálida se cerró suavemente alrededor de su muñeca.—¡Alisson, espera! —la voz de Regina se hizo escuchar a sus espaldas, agitada por haber corrido desde los ascensores. Alisson se detuvo en seco, cerrando los ojos con fuerza. No quería que nadie la viera así, tan rota, tan vulnerable. Al girarse lentamente, se encontró con el rostro pecoso de su compañera, lleno de una preocupación genuina. Sin pensarlo dos veces, Regina acortó la distancia y la envolvió en un abrazo apretado y reconfortante. Alisson se quedó rígida por un segundo, pero el calor humano fue demasiado tentad
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