Entonces Elizabeth está sola en su departamento. El día fue mucho —el hospital, los dedos entrelazados en la sala de espera, Leo dormido en el hombro de Jonathan, esa decisión que tomó en la banqueta sin que nadie se la pidiera. Era lo correcto. Eso no estaba en discusión. Un niño de esa edad necesita a su padre, necesita constancia, necesita no quedarse dormido en un clóset mientras nadie lo nota. Eso era un hecho. Ella había reaccionado a un hecho.Lo que no era un hecho, lo que prefería no examinar demasiado, era la imagen que le seguía volviendo sin que la llamara: Jonathan con Leo en brazos, la voz que no le salió completa, los nudillos blancos sobre el volante.Parpadeó. Miró el ventanal.Era un buen padre. Eso era todo lo que había visto. Era un buen padre y ella había tomado una decisión lógica en consecuencia.Addison era otro asunto. Ahí sí sintió algo más concreto, más fácil de identificar porque tenía bordes claros y un nombre que no le costaba admitir: no le gustaba. No
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