Jonathan apagó la lámpara del rincón, Jonathan se acostó de espaldas mirando al techo. Elizabeth igual, los dos sin moverse, los dos completamente despiertos, que era algo que ninguno de los dos había dicho pero que los dos sabían perfectamente del otro. Pasaron varios minutos así.—Estoy nerviosa—dijo Elizabeth , en voz baja, hacia el techo más que hacia el.Jonathan giró la cabeza, la miró en la oscuridad—¿Por qué?Elizabeth tardó un momento en responder. No porque no supiera sino porque estaba buscando la manera exacta de decirlo.—Las chicas —dijo—. Me caen bien. Salma, Ana, Virginia. —Hizo una pausa—. Me caen muy bien.Jonathan Esperó.Sabía que había más.—Esta noche Ana me dijo que mañana me iban a contar cosas —continuó Elizabeth—. Cosas que no se dicen con los hombres cerca. Y Salma me preguntó si era feliz como si le importara de verdad la respuesta. No como cortesía. —Otra pausa, más larga—. Y Virginia estuvo conmigo toda la tarde en la cocina como si lleváramos años siend
Leer más