Al entrar a la habitación, la luz era tenue. Jonathan se acercó a la cama y se inclinó para depositarla con cuidado sobre las sábanas. Sin embargo, en el momento en que sus pies debían quedar libres, el pie lastimado de Elizabeth rozó el borde del colchón, provocándole un pinchazo de dolor que la hizo sobresaltarse. Por puro instinto, ella se aferró con fuerza al cuello de Jonathan justo cuando él perdía el equilibrio por el movimiento brusco.El destino, juguetón y cruel, hizo que los brazos de Jonathan cedieran, cayendo sobre ella. Lo que debió ser un choque torpe terminó con la precisión de un imán: sus labios se encontraron en un impacto suave, inesperado y eléctrico.Elizabeth dejó de respirar. Jonathan, que siempre tenía el control de cada segundo de su vida, se quedó congelado. El aroma de ella, una mezcla de jabón sencillo y algo dulce que no lograba identificar, lo envolvió por completo. En lugar de apartarse de inmediato, Jonathan sintió que el tiempo se detenía.Sus labios
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