Jonathan se levantó de la cama y comenzó a caminar por la habitación, frustrado. Sabía que Elizabeth no era como las demás, pero su pragmatismo empresarial lo traicionó de nuevo.
—Está bien, Elizabeth, hablemos de negocios entonces —dijo él, deteniéndose y mirándola con fijeza—. Sé que tienes una deuda que te quita el sueño. Si aceptas ayudarme esta noche, si finges ser mi prometida solo por unas horas frente a esos hombres, yo me encargo de liquidar esa deuda por completo mañana mismo. Considé