Perspectiva de Liam
Mis manos temblaban, algo inaudito para alguien que vive entre la precisión del código y la frialdad de los datos. Intentaba meter mis camisas en la maleta, pero el movimiento era torpe, errático. Cada vez que lograba doblar una prenda, Mía la sacaba con un tirón desesperado, volviéndola a tirar sobre la cama deshecha.
—¡No te vas! —gritaba ella, con el rostro empapado en lágrimas y el cabello rojo pegado a las mejillas—. ¡No puedes hacerme esto, Liam! ¡No después de lo que