Perspectiva de Liam
Mis dedos se movían sobre el teclado con una cadencia mecánica, una danza de códigos y algoritmos que era lo único que mantenía mi mente anclada a la realidad. No estaba programando por necesidad; estaba programando para no gritar. El apartamento de Spencer se había convertido en una cámara de presión, y yo era la válvula que estaba a punto de reventar.
A pocos metros de mí, Mía cerraba su maleta. El sonido de la cremallera fue como un latigazo en mi espalda. Quise girarme.