Dominic intervino de nuevo, esta vez con un tono más serio. —Lo que no te ha dicho, Cloe, es que mientras Spencer intentaba matarlo y lo echaba de la casa a gritos, Mía no se quedó callada. Ella salió corriendo tras él. Se colgó de su espalda, llorando a mares, suplicándole que no se fuera. Le gritó a todo el mundo que lo amaba.Esa revelación hizo que el aire en la habitación se volviera pesado. Recordar a Mía así, desarmada, pidiéndome que no la dejara después de que yo le confesara mi amor frente a su hermano, era una herida abierta que no dejaba de sangrar.Cloe se inclinó hacia adelante, tomando mi mano sobre la mesa. Su tacto era cálido, maternal de una forma que nunca había experimentado.—Liam, mírame —me pidió. Lo hice—. ¿Quieres recuperar a Mía?—Más que a mi propia vida —confesé, y la verdad me dolió en el pecho—. Pero no sé cómo. Spencer es... bueno, tú sabes cómo es él.—Sé cómo es —asintió Cloe con una sonrisa triste—. Es un hombre que ama con una posesividad feroz. Si l
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