Pasaron horas... horas y más horas. Caminaba de un lado a otro esperando la respuesta de los doctores. Necesitaba que me dijeran que mi esposa estaba bien, que seguía con vida. Mi pecho ardía por dentro; cada minuto era un golpe más a mi paciencia y a mis nervios.—Gabriel, me estás mareando caminando de un lado a otro —dice Daniel con dos cafés en la mano—. Toma.—No quiero café. Necesito saber que Isabella está bien.—Ella lo estará, es una chica muy fuerte.—¿Alejandra ya sabe? Esto puede demorar más tiempo.—Sí, está muy alterada, pero le dije que mantuviera la calma por Sofi. Ella se quedará con Sofi.Alejandra no era tan cercana a mí, pero con esto que está haciendo... se ganó mi cariño y respeto total. A veces la vida te sorprende con quienes están realmente contigo.—Dile que gracias. Siempre estaré agradecido por eso.—¡Señor Gabriel!Veo entrar a la señora Cecilia. Está alterada, con lágrimas en los ojos. Me acerco de inmediato y ella toma mi mano con fuerza.—Dime que está
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