ISABELLAPasaron los días y, de a poco, empecé a sentirme mejor. Al fin, hoy, luego de diez días, me dieron el alta. Ahora lo único que quería era regresar a Madrid y estar con mi hija, que por lo que me dice Aleja, nos extraña mucho.—¿Lista, hija? —Ceci ha estado todos estos días conmigo, igual que Gabriel. Aunque este ha estado un poco raro... lo siento distante.—¿Tú estás lista para viajar? —Ceci me mira dedicándome una sonrisa.—Prométeme que si muero me enterrarás aquí, en México.¿Por qué dice eso? Si se ve muy sana.—Ceci, eso no pasará. Estás súper bien —la mirada que me lanza me parece preocupante. ¿Me estará ocultando algo?—. ¿Todo está bien?—Sí, hija, no te preocupes. Solo que ya estoy anciana y todo puede pasar.—Pues yo estaré muy pendiente de ti —tomo su mano y dejo varios besos en ella—. Sofi estará feliz teniéndote cerca.La puerta de la habitación se abre dejando ver a mi guapísimo marido. Ya estaba cambiado y afeitado; los días que estuvo aquí casi ni se miró al e
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