GABRIEL DE LA VEGA
Estaba relativamente tranquilo en la oficina, terminando unos informes. Llevaba días con trabajo atrasado por estar pendiente de todo lo relacionado con Isabella; por correr detrás de ella había dejado la mitad de mis obligaciones tiradas.
Afortunadamente tengo a Daniel, que se encargó de lo más urgente mientras yo intentaba mantener mi vida en orden.
—Señor —uno de mis hombres de seguridad irrumpe en la oficina.
—¿Qué sucede?
—El señor Navarro se encuentra en su casa.
—¿¡Qué