61. EL RECHAZO AL BEBÉ
ALAYA:Me doy cuenta de que no se puede razonar con él cuando está así. Es una bestia dominada por sus instintos, un salvaje al que no puedo vencer con palabras ni lógica. Me siento tan cansada de luchar, tan exhausta. Suspiro sintiendo que el mundo entero se ha puesto en mi contra.—¡VETE! —cierro los ojos no queriendo verlo más, perdiendo las esperanzas de razonar con él—. Por favor, solo vete. Necesito descansar, necesito estar sola.Se queda tranquilo, de pie frente a la cama sin moverse. Pienso que va a seguir ahí toda la noche, vigilándome como un guardián obsesivo. Pero escucho cómo sus pasos se alejan despacio, pesados. Se detiene antes de salir, con la mano en el pomo de la puerta.—Ah, tu padre está bien —lo escucho decir con voz neutral—. Ragnar no lo mató. Es un lobo, sus heridas ya sanaron completamente.—Gracias
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