34. SIN DEJARLA SOLA
REYNOLDS:Miré a mi Luna con atención. A simple vista, podía ver que estaba muy confundida y recelosa. Tenía que darle tiempo para que todo se asentara en su mente, por lo que, a pesar de que deseaba ir a arrancarle la cabeza a ese lobo llamado Alfredo, mi instinto me decía que debía quedarme a su lado.—Alaya —la saqué de su ensimismamiento—. Dejemos este tema por ahora; tenemos que trabajar.Ella levantó la cabeza, perdida en sus pensamientos, como si no comprendiera lo que le acababa de decir. Tenía que volver a su realidad, a lo que ella llamaba "normal". Después de todo, era humana; ajena a este mundo sobrenatural. Caminé hacia mi buró y me senté, sacando su proyecto, que había trabajado con dedicación y que, sin duda, podría llevar la empresa que había comprado por ella a otro nivel.—Ven aquí —la llamé, desplegando todo delante de ella—. Explícame este concepto que desarrollaste. Los inversionistas lo consideran arriesgado, pero creo que con mi experiencia, puedo ayudarte a tra
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