40. MI AMIGO DONIAN
ALAYA:
Miré a Reynols, que permanecía tranquilo, atendiendo a lo que le decía Cristín, que trataba, a su manera, de ayudarme hablando sin parar. Pero yo podía ver el aura asesina que se desprendía de él. No sabía cómo me había encontrado Donian; hacía muchos años que no lo veía. En ocasiones me escribía un correo para saber cómo estaba. Tenía entendido que se había ido a vivir de niño con sus padres al extranjero. Hoy, al salir de la empresa, allí estaba. Casi no lo reconocí; si no llega a ser