36. LA CERTEZA DE ALAYA

REYNOLDS:

Esto de comportarme como humano me estaba resultando muy difícil. Soy un maldito Alfa, uno muy poderoso al que el destino le jugó una mala pasada: me mandó una Luna humana. Vi cómo Alaya se alejaba desde mi despacho. Me levanté de un salto y busqué a mi beta, Simón. Le había ordenado que no perdieran de vista a Alfredo. En un instante, estaba en el sótano donde lo tenían.

—¿Qué dijo? —pregunté en cuanto entré, enfocando mi mirada en el brujo que lo estaba torturando—. ¿Qué le hizo a
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