«Mamá: Sofía, ¿es verdad que te has casado? Me he quedado de piedra al oír la noticia. ¿Cuándo vas a traer a tu marido a casa para cenar? Te echo mucho de menos».
Sofía cerró los ojos con fuerza. El banco era un problema, pero la familia era otro mucho mayor. Acababa de darse cuenta de que la victoria en la oficina bancaria era solo la apertura de una larga guerra que pondría a prueba toda su cordura.
—¡Ten cuidado, Diego! Esa caja tiene la porcelana de mi madre. ¡Si algo se agrieta, tendrás que