Verano del ‘94 (Nando) De tanto en tanto, cuando el trabajo me lo permitía, la buscaba con la mirada, tratando de no perderla entre la multitud. Se veía tan linda, tan libre, tan feliz… Yo seguía atendiendo gente a través de la barra, mezclando ingredientes y sirviendo vasos. Me había distraído unos minutos en el lado opuesto —el que no daba al escenario—, y cuando giré nuevamente, no la vi. Traté de encontrarla entre la montonera de personas y las manos alzadas que celebraban una canción, pero no lo logré. Sentí una pesadez caer sobre mí de repente; la tristeza me invadió en silencio. No podía creer que, otra vez, la había perdido justo después de haberla encontrado tan gratamente allí. Ya había tejido toda una historia en mi mente, perdido en sus ojos… y ahora todo quedaba trunco. Sin más remedio seguí atendiendo, yendo de un lado al otro de la barra, moviendo las manos casi por inercia. Las articulaciones me dolían, pero no podía detenerme, no el primer día de trabajo. Ba
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