Mientras Tarian esperaba a su presa —o mejor dicho, a su destinado—, Aynara tenía mucho trabajo.Ser la reina Lycan no era cualquier cosa. Era una gran responsabilidad, y ahora que podía ejercerlo con más libertad, no iba a quedarse de brazos cruzados. La reunión con las lunas de las manadas de lobos fue un gran suceso. La manada Lycan no lo había hecho nunca. Llamar a las esposas de los alfas, sentarlas en una mesa, escuchar sus voces... eso era nuevo. Revolucionario. Y Aynara fue la primera reina en convocarlas.El gran salón de la fortaleza estaba lleno. Decenas de mujeres, de todas las edades, de todas las manadas, se habían reunido para hablar con la reina. Algunas llegaron nerviosas, otras curiosas, otras con una esperanza que apenas se atrevían a mostrar.Aynara las recibió con una sonrisa cálida, sentada en su trono, con Uzziel en el regazo. El pequeño heredero, ya más crecido, observaba a las visitantes con sus ojos dorados, como si estuviera evaluándolas.—Bienvenidas —dijo
Leer más