ESA declaración tomó a Vivian desprevenida. Por un momento, simplemente lo miró fijamente, buscando en su rostro alguna grieta en su determinación. Luego soltó una burla, aguda y amarga, que se derritió lentamente en una risa; una risa triste y hueca que cargaba más dolor que humor.—Vaya —susurró, cruzando los brazos con fuerza sobre su pecho—. Así que... ¿ni siquiera me amas?Adrian dejó el papel doblado sobre la cama y se giró totalmente hacia ella. Su voz era calmada y deliberada.—Te amo —dijo él—. Pero soy un hombre casado. —Puso un énfasis pesado en la palabra "casado", como para remarcar una verdad que ella no podía ignorar—. Hay ciertos límites que no puedo cruzar.Vivian sacudió la cabeza, y su cabello se balanceó con la brusquedad del movimiento.—No, no... no me amas lo suficiente. Porque si lo hicieras, no me harías sentir como si no fuera nada. —Se alejó de él, endureciendo el rostro, con los hombros rígidos y los brazos aún fuertemente cruzados.Adrian se acercó, cerran
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