VIVIAN forcejeó con la cerradura de su puerta, con las llaves tintineando impacientes en su mano. Con un giro brusco, la puerta finalmente cedió y ella entró, con los brazos cargados por dos bolsas de compras de gran tamaño. Cerró la puerta con un empujón de cadera, suspirando de alivio mientras dejaba caer las bolsas al suelo con un golpe pesado.
En ese momento, su teléfono vibró ruidosamente dentro de su bolsillo.
—Mierda —murmuró entre dientes, sacándolo. En la pantalla parpadeaba el nombre