Desperté despacio, con una sensación cálida que tardé unos segundos en reconocer, hasta que entendí que no venía de las sábanas, sino de él. Estaba abrazada a Adrián, o más bien, él me tenía rodeada con el brazo sobre mi cintura, sosteniéndome con una naturalidad que me hizo quedarme quieta un instante más, disfrutando del ritmo tranquilo de su respiración contra mí. Cuando levanté ligeramente el rostro, lo encontré mirándome, aún adormilado, pero con una suavidad que no le había visto antes, y antes de que pudiera decir algo, sus labios comenzaron a rozar mi piel en pequeños besos distraídos, como si despertarme así fuera lo más normal del mundo. —Buenos días —murmuró. Sonreí sin darme cuenta, dejando que me acercara más a él por un segundo, hasta que la realidad me alcanzó de golpe. Busqué mi teléfono, miré la hora… y sentí cómo el corazón se me aceleraba por razones muy distintas. —Adrián, tengo que irme. Él frunció apenas el ceño, acercándome un poco más. —Quédate.
Leer más