El viaje de regreso fue mucho más silencioso que el de ida.
No hubo conversaciones incómodas ni confesiones dramáticas. Simplemente compartimos el vuelo como dos personas que habían tomado una decisión mutua y ahora intentaban cumplirla.
Olvidar.
Adrián pasó la mayor parte del tiempo trabajando en su computadora portátil, revisando documentos y respondiendo correos como si nunca hubiera salido de la oficina. Yo, por mi parte, miré por la ventana del avión durante largas horas, viendo cómo e