( Eduardo)Me desperté con resaca. No por el alcohol, sino por las personas.Todavía no entendía cómo mi apartamento había pasado de parecer el refugio triste de un hombre recién independizado a convertirse en una fiesta improvisada llena de risas, comida, música y Laura criticando mi decoración durante casi toda la noche. Pero algo había cambiado; por primera vez, el silencio no me estaba esperando al despertar.Todavía quedaban vasos sobre la mesa, una bolsa de papas olvidada en la cocina y una manta rosa doblada sobre el sofá que definitivamente no me pertenecía.Sonreí apenas mientras preparaba el café, y entonces un pensamiento me obligó a detenerme en seco: quería casarme con ella.No porque ya estuviéramos comprometidos, ni porque su padre finalmente me hubiera aceptado, ni porque el futuro se hubiera vuelto más fácil. Quería hacerlo porque ella merecía una historia bonita. Una que realmente pudiera recordar.Tomé el teléfono y llamé a Adrián. El tono sonó varias veces hasta qu
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