( Eduardo)
No recuerdo exactamente en qué momento decidí irme del penthouse de Sandra esa noche.
Tal vez fue mientras escuchaba a su padre decir que yo ya no tenía nada que ofrecerle. O quizá ocurrió segundos después, cuando vi la expresión en los ojos de Sandra al darse cuenta de que había escuchado absolutamente todo.
Lo único que sabía era que de pronto me sentía demasiado cansado para quedarme ahí fingiendo que aquellas palabras no me habían afectado.
Porque sí lo hicieron. Muchísimo más de