(Clara)El sonido llegó antes que cualquier otra cosa, un pitido constante, regular, demasiado perfecto como para ser natural, marcando un ritmo que no reconocía del todo pero que, de alguna manera, me sostenía, como si ese sonido fuera el único hilo que me mantenía conectada a algo real mientras todo lo demás permanecía lejos, difuso, difícil de alcanzar, como si mi cuerpo estuviera ahí pero mi mente aún no terminara de volver por completo.Intenté concentrarme en ese ritmo, en la repetición segura de ese sonido que no cambiaba, que no fallaba, como si aferrarme a él fuera suficiente para no perderme otra vez, pero entonces algo más apareció, no como un recuerdo claro, sino como una sensación, una preocupación que no necesitaba forma para sentirse urgente.Mis hijos.El pensamiento no llegó completo al principio, pero sí lo suficientemente fuerte como para atravesar todo lo demás, para colocarse por encima del cansancio, del dolor, de la confusión, y en ese momento todo lo demás dejó
Leer más