(NARRADO POR KEELEN)El sudor me resbalaba por las sienes, pero no me importaba. Por primera vez en meses, sentía el suelo bajo mis pies de una forma sólida, casi real. Marcus me soltó las manos por un instante y me mantuve allí, erguido, desafiando a la gravedad con mis propios músculos y el refuerzo de titanio en mi columna. Fueron treinta segundos, luego un minuto. Un triunfo que hace semanas parecía un milagro.—¡Lo tienes, Keelen! —exclamó Marcus, anotando con entusiasmo—. La estabilidad está volviendo. Tu sistema nervioso está respondiendo a la furia que le pones.—Es por ella, Marcus —jadeé, dejándome caer en la silla de ruedas con una sonrisa de satisfacción—. Tengo que estar de pie para lo que viene. ¿Dónde
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