DAMIANLos meses han pasado rápido. Como un río crecido que arrastra todo a su paso, sin piedad, sin misericordia. Andrés no volvió a contactarse conmigo. Dijo que esperara, y lo entiendo. Tras mi condena, mi vida se complicó más de lo que cualquier abogado pudo anticipar. Sé que tengo a la policía detrás de mis pasos, acechando en cada esquina, en cada llamada, en cada movimiento que hago. Los más astutos se desligaron de mí y desaparecieron sigilosamente. Como el perro de mi último abogado, un incompetente que no dijo nada, ni siquiera apeló mi sentencia. ¡Claro! Cobró muy bien y se fue alejando de mi caso, poco a poco, hasta que su rastro se perdió como una sombra al mediodía.En cambio, yo he quedado atrapado en esta ratonera miserable, sucia, con la cabeza gacha. Con la barba grande, descuidada, llena de canas que no recuerdo haber tenido. Con ropa de segunda mano que huele a humedad y a derrota. En este sucio y maldito lugar, perdido en alguna favela de Brasil, sin tecnología, s
Leer más