SAMUEL
El reloj marca las cinco y media. Estoy listo y muy nervioso. La camisa blanca me queda ajustada, la corbata plateada me aprieta el cuello más de lo necesario, o quizás es la ansiedad que me recorre el pecho. Los chicos comienzan a llegar a mi habitación, uno por uno. Gael entra con su chaqueta de cuero puesta, las manos en los bolsillos, una sonrisa que intenta ser tranquila pero se nota forzada. Bastián lo sigue, pasándose los dedos por el cabello una y otra vez, como si eso pudiera ca