DAMIAN
No siento nada, esa es la verdad. Mis manos aún tiemblan, pero no es remordimiento, es adrenalina. Es la electricidad que recorre mi cuerpo después de haber hecho algo que llevaba meses queriendo hacer.
Le doy un último vistazo a su cuerpo y salgo sin cerrar la puerta. Me alejo con pasos firmes, con la cabeza en alto. El pasillo está vacío. La pensión está en silencio. Nadie vio nada o tal vez sí, pero a nadie le importa. Todos estamos aquí por algo, tenemos un pasado que esconder o hemo