Llegó la hora de ir por los niños, y Fabiano, incapaz de ocultar su entusiasmo, golpeó la puerta con una sonrisa. Victoria no tardó en salir, radiante, vestida con jeans y una polera sencilla que la hacía verse más juvenil, más viva, más ella.—Hola, princesa… ¿lista para ser una tía ejemplar?Victoria sonrió, acomodándose el cabello.—Sí… vamos.Subieron al auto y en pocos minutos llegaron a la escuela. Aún no salían los niños, así que se quedaron esperando cerca de la entrada. Fabiano la miraba de reojo, sin disimulo, sonriendo cada vez que ella no lo veía. Pero Victoria sí lo notaba… y también notaba algo más.Las miradas de las otras mujeres.Cómo lo observaban, Fabiano era alto con un cuerpo atlético, su cabello oscuro y sus ojos marrones lo hacían ver imponente, usaba jeans y una polera blanca que marcaba sus brazos, todas las mujeres no dejaban de mirarlo.Un pequeño nudo se formó en su estómago, Fabiano lo notó al instante.—Te doy permiso para que me abraces y marques territo
Leer más