Gracias cuñado

Fabiano caminó lento por el patio, aún con el gorro puesto, igual que Victoria. Una sonrisa iluminaba su rostro, satisfecho, feliz… como si el día hubiera sido perfecto.

Pero Gerald… se mantuvo en su papel de hermano gruñón.

—¿Se puede saber dónde andaban? —dijo cruzándose de brazos—. Fu

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