Los días pasaron y Katrina se sentía cada vez más fuerte. Su pequeña Matilda estaba sana y lloraba lo justo y necesario, solo cuando tenía hambre o estaba sucia. Los mellizos estaban felices.En una ocasión, Katrina no pudo evitar reír cuando le mostraron una pequeña fotito en la tablet.—Él es Oliver. Él será tu esposo cuando seas grande —decía Micca—. Tú serás la princesa que se case y yo seré la princesa ninja. Mi hermano se casará con Lily y tú te casarás con Oliver. ¿No es bonito? Será un gran novio porque Lily lo enseñará bien.La pequeña Matilda, con apenas unos días, balbuceaba y movía sus manitos, haciendo que los mellizos rieran felices.—Ya, mis amores, su hermanita debe comer.—Ella come muy seguido.—Es que los bebés necesitan comer mucho para que crezcan fuertes. Ustedes, cuando eran bebés, también comían mucho.—Uy, así que chiste. Iremos a jugar con Marcel, volveremos más tarde para jugar con Mati.—Bueno, mis bebés.Los dos mellizos salieron, dejando a Katrina sola co
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