(Sael — ala sur, establos reconvertidos, media tarde)Llevaba veinte minutos afilando una herramienta que no necesitaba filo.Era un formón de carpintería que Dante había dejado sobre la mesa de trabajo y que Sael había cogido sin propósito específico, pasando la piedra de afilar sobre el filo con el movimiento mecánico de alguien que necesita que las manos estén ocupadas mientras el cerebro trabaja en otra cosa.El cerebro trabajaba en Valentina.Eso, por sí solo, ya era información.Ochenta y nueve años de existencia Voraz. Ochenta y nueve años de saber exactamente cómo funcionaba su sistema, qué lo activaba, qué lo calmaba, dónde estaban los límites que él mismo había aprendido a gestionar con la paciencia de quien sabe que el tiempo no se agota.Había aprendido a leer a los humanos en fracciones de segundo: qué estado emocional producían, cómo variaba la intensidad según el momento, cuándo convenía acercarse y cuándo la distancia era la opción más inteligente para los dos.Valenti
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