No lo llamé reunión estratégica.No les pedí que trajeran carpetas ni que tuvieran el mapa del perímetro en la cabeza. Los busqué uno por uno y les dije lo mismo a cada uno: Quédate cerca esta noche.Sin explicar más de eso.Sael, el primero: asintió sin preguntar, con la facilidad de quien ya estaba cerca de todas formas.Dante, el segundo: me miró durante un segundo con la evaluación táctica de quien está procesando si la petición tiene urgencia operativa o emocional.Cuando determinó que era lo segundo, tomó el libro que tenía en la mano y lo llevó consigo.Luciano, el último: ya lo sabía, claro, porque era el que me había dado la información. Me abrió la puerta del salón sin que yo la nombrara como destino.El salón grande a esa hora era grande y oscuro y olía a la piedra volcánica y a los días de juicio que todavía no habían terminado de irse completamente del aire.Sael eligió el sofá lateral.Dante, el sillón del rincón, que era el que le daba la espalda cubierta y la vista a l
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