26. Carritos chocones
El calor proveniente del sol era suficiente para recordarme dónde estábamos. Habíamos entrado al acuario de Nueva York, donde, siendo sincera, no había puesto atención a casi nada… Nada… Jeremy era un hombre encantador, se notaba que había investigado todo lo que pudo acerca de los animales para tener algo de conversación, pero yo solo me dedicaba a asentir y sonreír. —Katherine, ¿quieres salir al parque de diversiones? Está aquí cerca. —Claro, vayamos. Él ofrecía su brazo por caballerosidad, donde coloqué la mano con lentitud sobre él. Por algún extraño motivo, al hacer eso tuve la sensación de una descarga eléctrica seguida por un escalofrío. Con lentitud, me di la vuelta, buscando entre los oscuros pasillos un peligro inexistente, sintiéndome observada. —¿Pasó algo? —No, solo… pensé que alguien me miraba, es todo. —Entonces salgamos, así no tendrás esa sensación —mantuvo una sonrisa calmada. Salíamos del acuario, caminando un poco, entrando a la zona más atrayente: los parq
Leer más