28. Embarazada
El aire entre nosotros se había vuelto una burbuja imposible de sostener. Su respiración rozaba la mía de tal modo que un simple exhalo parecía un milenio.
Sus dedos entrelazaron los míos.
Sus ojos se mantenían en los míos, donde todo pareció desaparecer. La sensación de una tentación latente me estremecía. Sus labios, cerca de los míos. Unos milímetros cercanos era lo único que nos separaba.
—Katherine —su voz me provocó un escalofrío cuando arrastró mi nombre con su acento francés.
Sin poder