26. Carritos chocones
El calor proveniente del sol era suficiente para recordarme dónde estábamos. Habíamos entrado al acuario de Nueva York, donde, siendo sincera, no había puesto atención a casi nada…
Nada…
Jeremy era un hombre encantador, se notaba que había investigado todo lo que pudo acerca de los animales para tener algo de conversación, pero yo solo me dedicaba a asentir y sonreír.
—Katherine, ¿quieres salir al parque de diversiones? Está aquí cerca.
—Claro, vayamos.
Él ofrecía su brazo por caballerosida