143. La luz que eligieron
La mañana llegó sin concesiones.Londres seguía húmeda por la lluvia de la noche anterior, el aire frío mordiendo con suavidad, como si la ciudad misma contuviera la respiración.En el comedor, Emma estaba sentada con una taza de café que no había tocado. Sus ojos estaban fijos en la ventana, vacíos en apariencia, mientras sus pensamientos corrían más rápido que el tráfico matutino.James estaba en la cocina, poniéndose la chaqueta con movimientos medidos. Sin prisa, pero sin vacilación. Algo había cambiado la noche anterior—no solo a su alrededor, sino dentro de él.Ethan bajó las escaleras lentamente, todavía medio dormido.—¿Mamá?Emma se sobresaltó, levantándose de inmediato.—Estoy aquí, cariño.El niño se acercó y rodeó su cintura con los brazos. Esta vez no hubo lágrimas, pero el abrazo se prolongó más de lo habitual—como si su pequeño cuerpo necesitara asegurarse de que el mundo seguía en su sitio.—¿Vamos a ir a la escuela hoy? —preguntó Ethan.James se acercó y se agachó a s
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