La visita de Armand, aunque tranquilizadora en lo médico, dejó una sensación de vulnerabilidad latente. La idea de que alguien más, fuera de los Rossi, estuviera husmeando, los mantenía a todos en vilo. Caleb duplicó la seguridad exterior, pero la amenaza era abstracta, sin rostro, y por tanto más inquietante.Esa noche, Emily tuvo una pesadilla. Soñó que daba a luz en una habitación blanca y fría, pero en lugar de Caleb, había hombres de sombras con grabadoras y cámaras observándola. Le arrancaban al bebé de los brazos y se lo llevaban, mientras una voz impersonal decía: "Evidencia. Custodia del estado." Despertó sobresaltada, un grito ahogado en su garganta, bañada en sudor frío.Caleb estaba despierto al instante, sus brazos rodeándola.—¿Qué pasa? ¿Es el bebé? ¿Dolor?—No… no —jadeó ella, aferrándose a él—. Una pesadilla. Se lo llevaban. Unos hombres… autoridades.Caleb la estrechó contra su pecho. —Nadie te lo va a quitar. Lo juro por mi vida.—Pero ¿y si…? —su voz se quebr
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