La visita de Armand, aunque tranquilizadora en lo médico, dejó una sensación de vulnerabilidad latente.
La idea de que alguien más, fuera de los Rossi, estuviera husmeando, los mantenía a todos en vilo.
Caleb duplicó la seguridad exterior, pero la amenaza era abstracta, sin rostro, y por tanto más inquietante.
Esa noche, Emily tuvo una pesadilla.
Soñó que daba a luz en una habitación blanca y fría, pero en lugar de Caleb, había hombres de sombras con grabadoras y cámaras observándola.
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