La tensión después del beso en el atrio era de una calidad diferente.
Ya no era solo el frío odio o el miedo paralizante. Era una electricidad cargada de anticipación, un juego de miradas y silencios significativos.
Emily se vestía con más cuidado, consciente de la forma en que los vestidos sueltos caían sobre sus curvas en desarrollo.
Caleb, por su parte, parecía hacer un esfuerzo consciente por mantener la distancia física, pero sus ojos la seguían con una intensidad que quemaba.
Una tarde