La luz de la mañana se filtraba con timidez a través de las pesadas cortinas, dibujando líneas doradas sobre las sábanas desordenadas.
Emily estaba despierta, inmóvil, acurrucada en el hueco aún tibio que el cuerpo de Caleb había dejado en el colchón.
No lo había sentido marcharse del todo, solo una vaga conciencia de su ausencia, como si algo esencial hubiera sido arrancado del aire.
Él se había ido antes del amanecer. Sus pasos, siempre firmes, habían sido apenas un susurro en el pasillo, c