Ximena
Ella quedó perpleja; sin dudarlo, ese abogado al que tanto despreciaba había aparecido de la nada para ayudarla, enviado por sus patrones. Aunque lo que más le afectó fue lo que dijo que Ángelo había sido abatido. En ese instante se le olvidó que dos policías la sujetaban de las manos. Se les escapó como un jabón en la ducha, y con ambas manos sacudió al jurista, exigiéndole respuesta: —¿Qué le sucedió a Ángelo?
El abogado giró la cabeza, tratando de hacerla reaccionar. Los policías se s