XIMENA—Aguarda, Ángelo, es en serio, no puedes pretender que todo vuelva a ser como antes, como por arte de magia, por esa varita mágica que me observa con ese solo ojo—; Ximena se quedó inmóvil, una parte de ella quería avanzar hacia él y otra salir corriendo, despedazar las paredes con las uñas y correr sin destino, hasta que el océano la frenara.—Linda, cálmate, estás muy tensa, no estuviste de esa manera en tu primera vez. Vamos a hacer algo que ya hemos hecho muchas veces; recuerda lo bien que la pasamos—, Ángelo intentó besarla, pero ella al último instante giró la cabeza.—No, Ángelo, no quiero que me toques. No te atrevas a hacerlo, suficiente ya con que me tengas encerrada contra mi voluntad. —Ximena lo empujo apartándolo con ambas manos, sintiendo su pecho.—Hermosa, sé que quieres, no te aguantes, te conozco muy bien—. Ángelo se volvió a acercar, hablándole al oído.—Acaso pretendes que también me olvide de que estabas con esa señorita; ella es tu novia o tu esposa—, Xime
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